Este proyecto habla de la superposición de espacio real y espacio cibernético a partir de la fuerte presencia de la arquitectura monumental, reivindicando el lugar físico y su memoria como punto de encuentro entre el edificio y sus representaciones virtuales, y de la posibilidad de contemplar monumento, lugar y representación a través de una nueva mirada dentro del contínuum espacio real-espacio virtual. En este caso una mirada irónica que comenta la simplona cultura del conservacionismo a ultranza. Frente a la vampirización irrespetuosa y utilitarista, propongo la muerte digna o la criogenización telemática. La primera opción es ecológica y barata. La segunda, que es la base de esta propuesta, precisa de la prótesis.

Esencialmente la "Piel Capaz" es una prótesis arquitectónica visualmente activa, un interface rígido reticular de doble cara que envuelve y oculta monumentos sin tocarlos, siempre a partir de la geometría simple y no comprometida del paralelepípedo. Las dos caras tienen comportamientos independientes, y funcionalmente se organizan mediante conjuntos de celdillas modulares audiovisualmente autonomas, ordenadas a lo largo de una estructura métalica tridimensional que actúa como esqueleto. La profundidad de las celdas permite la retroproyección, cuyo control y mantenimiento puede realizarse desde corredores auxiliares intermedios que separan ambas caras y que albergan los dispositivos técnicos necesarios.

En la cara interior o privada se proyectan a gran escala imágenes y datos procedentes de los flujos de información que el edificio genera en la Red. En función del volúmen de esta información y de la simultaneidad y la frecuencia de los accesos a la misma se generan variables que controlan mediante lámparas robóticas la zonificación, intensidad y el color de la iluminación interior del recinto. Un circuito cerrado de cámaras de vigilancia sujetas en diversos puntos de la retícula interior capta contínuamente diferentes tomas del edificio con distintos grados de aproximación y detalle. Esta imágenes son proyectadas en tiempo real y en función del momento del día con frecuencia, tamaño y disposición aleatorias en la cara exterior de la piel y configuran la nueva imagen pública del monumento, que aparece en ellas superpuesto a sus otros"yo" virtuales, una representación siempre estructurada de forma parcial y fragmentada, que tiene mucho que ver con los códigos visuales de control y vigilancia en sistemas de seguridad o unidades de cuidados intensivos de hospitales. Imágenes estáticas, inquietantes y testimoniales, cuya exclusiva misión es intentar demostrar que el edificio está allí. Un edificio que ahora aparece conservado o más bien "criogenizado" en un paisaje virtual íntimo, en la soledad electrónica configurada por sí mismo y su propia y fluctuante representación simbólica en el ciberespacio.

La cara interior de la piel actúa como espejo privado entre el monumento y sus fantasmas, entre el edificio de átomos y el edificio de bits, entre la materia deshauciada por inútil y la información que la desmaterializa. La cara exterior es la verdadera epidermis, representa el límite sensible del monumento y la silueta de lo controlado. Una silueta rígida, objetiva y estandarizable, que no se adapta jamás a las peculiaridades morfológicas del edificio, y establece en todo momento una distancia consciente con él. Un borde superficial cuya referencia a lo que encierra viene dada exclusivamente por su verdad geográfica y las imágenes proyectadas.

La Piel Capaz es a la vez arquitectura-espejo y arquitectura-paisaje. Un paisaje cibernético que, substituyendo al paisaje real, propone una nueva lectura "tecnológicamente ampliada" del edificio y una mirada renovada sobre conceptos como lugar, monumento y representación.